El duelo migratorio: explorando los caminos de la migración y del sentido

Al principio del siglo XX, los inmigrantes representaban 5% de la población mundial. En la actualidad representan el 3,4% de la población mundial, una tasa inferior a la tasa del principio del siglo que, aun así, genera muchas tensiones. Entre otras razones, porque los países receptores tienen miedo a perder su identidad nacional y la rivalidad percibida para el empleo que se genera en tiempos de precariedad laboral.

Cuando se aborda el tema de la migración, abundan los estudios estadísticos y sociales con opiniones variadas, pero escasean otros estudios que tienen la mirada hacia la persona. Dejar su país, su hogar y sus familiares nunca es una decisión fácil y eso requiere de la persona migrante un trabajo personal, psicológico y emocional adicional. La Logoterapia es una disciplina que puede ser muy útil en el acompañamiento a los migrantes.

Introducción

Suena mucho la palabra “migración” y nos parece que es muy clara. Sin embargo, es cierto que aún despierta la curiosidad y provoca más preguntas que respuestas. Se han estudiado mucho los efectos económicos, políticos, laborales y sociales de la migración, pero nos queda por saber algo más de los efectos psicológicos y emocionales sobre la persona del migrante. Porque, además del hecho social, hay una mirada diferente que se fija en ella como el hecho personal. Porque no podemos olvidar que la migración es un cambio que va acompañado de pérdidas donde se deja todo lo conocido y los modelos habituales para incorporar uno nuevo, por lo que el migrante debe vivir un proceso de duelo.

Un ejemplo de esta visión parcial nos la proporciona la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) 2, que define “migrante” como cualquier persona que se desplaza a través de una frontera internacional o dentro de un país, fuera de su lugar habitual de residencia. Esta definición no contempla las diferencias individuales ni otras circunstancias, como la situación jurídica, el carácter voluntario o involuntario de desplazamiento, las causas de desplazamiento o la duración de estancia. Mientras que muchas personas escogen voluntariamente migrar en búsqueda de bienestar y nuevos proyectos, otras muchas tienen que migrar por necesidad o como rechazo al orden social actual; además, hay una migración forzada provocada por circunstancias geopolíticas y económicas duras en el país de origen.

Según las estadísticas ofrecida por las Naciones Unidas, recogidas del portal de datos mundiales sobre la migración 3, en 2017 el n° de migrantes alcanzó 258 millones. Aproximadamente, hay 68 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos. Pero los datos olvidan que, tras cada número, hay un ser humano y se habla de la migración como si se describiera un fenómeno parecido para todos bajo el mismo paradigma; mientras que, dado que se trata de personas, la migración es tan diversa como personas hay.

¿Crisis por migración?


Se suele tratar el tema de la inmigración como una crisis, aunque es una constante de la sociedad global. Siempre hubo personas moviéndose. Hace aproximadamente 10.000 años que se asentó el Hombre. Pero, sí, me atrevo a hablar de crisis de percepción de la migración por parte de la sociedad de acogida y del mismo migrante. Es un proceso en doble sentido de la persona que se desplaza y de la sociedad que acoge; de la percepción de uno mismo y de la de otras personas sobre uno mismo. Este cruce de miradas nos puede llevar a las siguientes conclusiones: donde coincidimos, hay armonía; y donde no coincidimos, hay conflicto.

A nivel conceptual, el “migrante” es un término absoluto (yo migro), sin relación vincular, y puede considerarse un acto individual. Sin embargo, como seres sociales que somos, se ha transformado en un término relacional (en función de otro, autóctono…). Encontramos entonces preguntas que nos interpelan: ¿Cómo me clasifico? ¿Cómo me defino? ¿Cómo los demás me clasifican? ¿Cómo yo clasifico a los demás en relación conmigo? ¿Cómo se clasifican ellos en relación conmigo? Es un término circunstancial, pero se ha transformado en permanente, clasificando a la persona migrante y olvidando muchas veces que cualquier clasificación lleva un prejuicio y nos aleja de la unicidad de la persona. Cada persona es única e irrepetible. Desde esta mirada que clasifica, se crean grupos contrapuestos: nosotros/vosotros; nacionales/ migrantes; bueno, conocido/ malo, peligro, desconocido. Esta dicotomía se pude practicar en los dos sentidos, de parte de los autóctonos y de los migrantes. Y, por último, culturalmente es variable, ya que a lo largo de la historia se ha demostrado que las políticas y las percepciones de los otros no son estáticas. Por ejemplo, en Suiza, eran invisibles los italianos y los españoles. Luego empezaron a parecer simpáticos e interesantes. Y empezaron a ser incompatibles los de Kósovo, turcos y africanos. Asimismo, en España, las percepciones sobre las distintas nacionalidades de las personas migrantes han ido cambiando. El mismo fenómeno migratorio es cambiante y dinámico: países que eran antes lugares de acogida se han transformado en países de inmigrantes (los que se van).

No existe el duelo migratorio, sino el duelo de cada migrante.

En este contexto, nos interesa abordar esta experiencia humana de la migración y el duelo migratorio desde la persona en su unicidad, aprovechando algunas aportaciones de la logoterapia que son valiosas en este proceso.

En la experiencia de la migración siempre hay pérdida. Las personas migrantes viven y experimentan el duelo migratorio con un factor común: la exigencia del cambio y un desafío desde la resiliencia hacia la búsqueda del sentido y la adaptación a la nueva realidad sin los recursos habituales, asumiendo en grados diferentes los duelos por la pérdida de la familia, idioma y sus matices, la propia cultura y el grupo de pertenencia, sin subestimar la importancia del estatus social y el trabajo. Conforme se responde a lo que piden las distintas situaciones a las que hay que enfrentar y que toca vivir, este dolor se va transformando… Nos lo explica muy bien Joseba Achotegui 4: “Es un duelo por muchas cosas, ya que posiblemente ninguna otra situación de la vida de una persona, incluso la pérdida de un ser querido, supone tantos cambios como la migración. Todo lo que hay alrededor de la persona cambia, tanto más, cuando más lejana y distinta culturalmente sea la migración”.

Es un proceso complejo ya que supone experimentar la pérdida, vivir el duelo, movilizando varios mecanismos emocionales para superar la experiencia en el nuevo entorno. En este sentido, Achotegui especifica tres tipos de duelo por migración 5:

  1. Duelo simple: aquel que se da en buenas condiciones. Cuando los beneficios superan a las pérdidas y los logros compensan el sufrimiento.
  2. Duelo complicado: Cuando existen serias dificultades para su elaboración. La decisión de emigrar no era voluntaria, la sociedad de acogida es hostil, existen muchas pérdidas y pocos beneficios.
  3. Dueloextremo: Es tan complicado que no es elaborado, dado que supera las capacidades de adaptación de la persona. En este caso se habla del “síndrome de Ulises.”

Según este autor, en todo caso se trata siempre de un duelo múltiple, ocasionado por la pérdida de varias cosas simultáneamente: la familia y amigos, el lenguaje, la cultura, la tierra (paisajes, colores, sabores, olores, clima), el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y, en algunos casos, la seguridad e integridad física. Detrás de cada migrante, hay una forma personal de vivir el duelo, porque las categorías generales pierden fuerza al encontrarnos con seres humanos.

Explorando los caminos de migración y sentido

La experiencia migratoria puede resultar muy contradictoria y puede llevar al ser humano desde el sentido hacia el sinsentido. También, desde lo imposible hacia lo posible. Desde la logoterapia, podemos aproximarnos a la migración reconociendo estás pérdidas como posibilidades y matizando su experiencia desde la singularidad de las personas, su multidimensionalidad y su capacidad resiliente ante las situaciones límite. En este sentido: “La migración es una vivencia que proporciona conciencia plena del continuo de la existencia, es decir de nuestra naturaleza de haber sido, ser y poder ser. Tal conciencia de temporalidad puede significar una dificultad de identidad que puede provenir de una interpretación reduccionista de lo que implican las pérdidas. Es importante reflexionar si es realmente una posibilidad perder lo que se ha tenido, y si perder es una palabra que alude a eliminación o a transformación. Trabajar con migrantes comporta un desafío en esta área, pues los implica de modo directo y los convierte en sujetos ante el reajuste existencial y, por tanto, soberanos ante los condicionamientos externos” 6.

Para abordar este duelo migratorio desde la Logoterapia, partimos desde las preguntas sobre el sentido, recordando siempre que se trata de una respuesta personal:

  1. ¿Qué respondo en esta situación?
  2. ¿Qué me pide realmente este evento vital?
  3. ¿Para qué me ocurre esto, que respuesta doy yo?
  4. ¿Cómo respondo?
  5. ¿Qué puedo aportar yo aquí?

En el camino hacia el reto personal, en este caso, hacia el desarrollo de un proyecto de vida en este nuevo contexto viviendo esta experiencia de la migración, es necesario contar con ALIADOS Y GUARDIANES, que pueden ser tanto internos (mis recursos: inteligencia emocional, creencias, equipamiento existencial, valores, actitud, entre otras) como externos (el entorno, la “tribu” o grupo de pertenencia, las relaciones humanas, entre otras).

Sobre los recursos internos, es necesario comprender que, para preparar un viaje en la vida, es necesario el autoconocimiento. Identificar: “Quién estoy siendo”, conocerse a uno mismo. No solo somos un presente, ni siquiera solo un pasado, sino un gerundio existencial que nos habla de continuidad. Conocerme supone aceptar mis limitaciones (lo que puedo y lo que no puedo). Desde la Logoterapia, creemos que el ser humano viene a este mundo con un equipamiento existencial. Lo podemos observar cuando caminamos en la senda del sentido y nuestra actitud es de apertura. Frankl nos habla de ser capaces de reconciliarse con las limitaciones y con la propia vulnerabilidad, siempre sabiendo que el ser humano es más que lo que le está sucediendo y que siempre, incluso ante las propias limitaciones, tenemos la posibilidad de decidir cómo las vivimos 6. Viktor Frankl nos propone una presencia y existencia aplicando nuestros valores, los cuales pueden clasificarse en tres categorías:

  1. VALORES DE CREACIÓN: En esta nueva circunstancia de mi vida, me pregunto qué puedo aportar al mundo. Dejo sentimientos de indefensión y busco aquello que puedo aportar, dar, ofrecer. Yo, migrante, puedo hacer algo por la sociedad que me acoge.
  2. VALORES DE EXPERIENCIA: En mi mano está disfrutar todo lo que este momento vital me ofrece… Añoro, pero valoro y agradezco los nuevos, en una apertura que me lleva a disfrutar las experiencias vitales que se me presentan. Quizá la experiencia vital de este tipo más importante sea el amor, que me conecta con los demás. Porque en la mayoría de los casos, al menos los que conozco, el amor por una familia que se queda motiva a seguir luchando. Así como el que se siente por la familia que se construye.
  3. VALORES DE ACTITUD: Ante todo lo que me ocurre en la vida, puedo responder. Toda circunstancia tiene un germen de sentido que, a veces, sólo puedo ver desde un cambio de actitud. Tiene relación con la pregunta del para qué… El cambio de actitud supone: valorar, agradecer, posicionarse, decidir, mirar al futuro y creer que, pase lo que pase, puedo crecer con ello.

Sobre los recursos externos, cabe enfatizar la importante de la calidad de nuestras relaciones y la calidez de nuestro entorno, que aportan valor hacia el camino del sentido de la vida y aún más en la vida de la persona que se encuentra en situación de migración, que tiene el reto de construirse desde el anonimato, la invisibilidad social, la inexperiencia, el desconocimiento y la situación de soledad.

Esta red de relaciones es lo que llamo “la Tribu”, que permite crear vínculos desde la aceptación incondicional. La tribu me sostiene. Es un antídoto a la soledad que se vive en la intimidad. La soledad es una de las circunstancias duras de la vida, dado que toca lo más íntimo de la persona, atraviesa la identidad y lleva al límite de la vulnerabilidad. Esta soledad nos paraliza a veces cuando nos sitúa en el vacío, en la nada: estoy solo/a, no pertenezco a ningún lugar, ningún circulo de personas, no hay una mirada amorosa que me devuelva mi imagen como un espejo, que me recuerde quién soy. De ahí la importancia de la tribu, que me ofrece una caricia, una mano amiga, una red que amortigua mis caídas, unas raíces que me sujeten a la tierra y construyan una alfombra bordada con humanidad. La tribu alimenta mi alma, que se seca por falta de cariño cuando me siento sola y desconectada, llevándome a sentirme de nuevo alguien.

Una de las grandes pobrezas que favorece la exclusión humana es la soledad de quien no tiene a nadie, o siente no tener a nadie. El cuidado y la atención al mundo de lo afectivo, a nuestro interior, a quiénes somos, permiten el desarrollo de la persona. PERO, ser persona, implica estar en el mundo, en relación con un “tú” y con una orientación o propósito existencial que dota de un sentido a nuestra vida. Este proceso permite no sólo la realización de todo nuestro potencial, sino también trascender las limitaciones que a veces nos impone la vida 7.

Conclusión


La migración es una experiencia, una circunstancia de la vida que posibilita un gran aprendizaje y una transformación social y personal desde el sentido en la vida y para la vida. Y todo en un marco humano que se compone de Yo, Tú, Nosotros. El valor de la persona es intrínseco e indiscutible. ADEMÁS, si este valor es compartido, será multiplicado todo ello gracias a la mirada de la otra persona, gracias al encuentro: existes para mí, te veo. Yo valgo, pertenezco, soy
… La inmigración tiene su impacto directo e indirecto sobre la concepción identitaria tanto del inmigrante como de la sociedad de acogida. Y eso genera otro duelo que merece también una mirada especial. Que nadie viva en la soledad, que nadie experimente la exclusión, que nadie se sienta falto de valor, que la humanidad compartida sea practicada en cada momento y por todas las personas. Que el alma de la tribu sea nuestra alma común.

Mi experiencia personal de migración.

Cuando tomo decisiones, me defino. Tengo que tener un valor que me permite dar el paso hacia un camino y para ello también hay que tener conciencia y una mirada con atención hacia las posibilidades que permiten el cambio. En la senda, busco el sentido en la vida desde mi individualidad. Yo soy única e irrepetible.

Mi viaje personal tuvo un punto de partida muy significante y me hizo llegar a donde estoy ahora mismo, que es un punto final de una etapa y punto de partida para otra nueva.

Todo empezó aquel día que decidí hacer mi maleta y emprender el viaje dejando un trabajo seguro y optar por una experiencia de vida, evaluando que iba a ser de impacto a largo plazo y era en armonía con mis valores y forma de ver la vida… Aventurarme, decir sí a las invitaciones de la vida y al aprendizaje. El primer año como estudiante fue maravilloso. Una acogida magnífica de la universidad y todo cobraba sentido: mi persona, mis conocimientos, mi aportación al mundo en un tema interesante… Y además la evaluación del entorno: bienvenida a esta estudiante de un país bien valorado en aquel momento. Pasó el tiempo de investigadora y tomé otra decisión, que es quedarme en esta tierra que bien me acogió y darme el derecho de decidir otra vez, de ser, estar y merecer. Soñé cómo quería mi vida y crear mis oportunidades.

De repente, el espejo en el que me miraba empezó a cambiar de colores, de formas, de actores y empezó a parecer como una cueva oscura sin tierra firme sobre la que pueda andar, ni techo claro bajo el cual abrigarme, se apagaron las luces y parecía que se acabó la danza y se calló la música. De repente, ya no era la misma: La sociedad ya no miraba la mujer exótica, de una cultura interesante y esa persona inteligente que piensa y aporta a la sociedad. De repente soy una inmigrante más que perdió derechos, un estatus discutible, y debería justificarme hacia esta sociedad… Era hija, hermana, sobrina, amiga, miembro activo en mi país en una ONG con planes y voz que se oye y se atiende.

Ahora, tenía que justificarme, justificar por qué estoy aquí, volver a dibujar una nueva identidad y crearme de nuevo. Ahora mismo soy nadie. Y cara a mí misma, me puse las cosas más complicadas aún, escogiendo como compañera de viaje la Exigencia, así, con mayúsculas.

Me di cuenta de que estaba en una burbuja y su aire me asfixiaba, era incapaz de disfrutar de nada… Mi alma cerró los ojos y eliminó todos los sentidos. Una burbuja de paja seca que iba en todos los sentidos y en ninguno… con una sola mirada al medio vaso vacío. Puse el listón muy alto y confundí las cosas. Hice que mi valor dependiera de un buen trabajo, una buena economía y un estatus social determinado. Tenía que ser perfecta para ganar el respeto de la gente y merecer vivir aquí. Y no es un misterio para nadie: la perfección no existe y el valor de una persona no se gana porque lo tenemos todos y cada uno. Así que no estaba nunca satisfecha ni era feliz. Era como una carrera sin fin.

El día de la toma de conciencia, del darme cuenta, el primer día de mi despertar pude empezar el camino de mi desarrollo personal y mi reconciliación conmigo misma, con la vida y con mi entorno.

Decidí echar agua de rosas en mis ojos, mirarme en un nuevo espejo, ponerme mis mejores zapatos y empezar a caminar recta con un maletín de viaje de vida hecho a medida, donde guardo mis recursos y voy sacándolos según las circunstancias y las exigencias diarias (confianza, píldora contra el miedo, autoestima, capacidad de decidir, de perdonar, de ser flexible, de aceptar ganar y aceptar perder…).

Ahora, me siento sólida, enfocada y enraizada, con mi vulnerabilidad bien integrada que me hace más bonita como persona y más humana. Ahora soy la jefa de mi orquesta, la jefa de mi vida y pongo yo la sinfonía a la que baila mi alma en armonía. Ahora soy la mariposa que vuela libre y responsable y pronto volveré a completar el ciclo, volver a ser gusano que a su vez se transforma de nuevo en mariposa.

Este es mi viaje, desde el sueño hasta este final que es un nuevo renacer. En mi caso, el sentido está ligado a la auto-trascendencia, basada sobre los valores de creación de las cosas en el mundo del hacer. El valor de la experiencia que consiste en abrir los ojos. Y el valor de la actitud donde resplandece la libertad humana: a pesar de todo, un Sí a la vida. Estos valores me sostienen. Soy un ser de posibilidades. Descubro cosas que no sé hacer y me planteo nuevos aprendizajes. Soy un ser creciendo en un camino de opciones. Y tú también.

Referencias

  1. En ponencia “Migración y duelo. Las pérdidas, el desarraigo y la acogida en tierra extranjera” realizada en el Symposium «Duelo y transiciones vitales» de la Asociación Viktor Frankl en Valencia, 4-5 de noviembre de 2016.
  2. Glossary on Migration [Internet]. Vol. 34, INTERNATIONAL MIGRATION LAW. Geneva, Switzerland; 2019. Available from: www.iom.int
  3. Portal de Datos Mundiales sobre la Migración [Internet]. [cited 2019 Oct 28]. Available from: https://migrationdataportal.org
  4. Achotegui Loizate J. El procés migratori: arribada, adaptació i integració. Curs 2. Impacte psicosocial en el retorn de la immigració: la tornada a casa? [Internet]. Servidor de video UJI, 2015; 2012 [cited 2019 Oct 28]. Available from: http://www.svideo.uji.es/peli.php?codi=944&lg=
  5. Achotegui Loizate J. El duelo por la lengua en el síndrome de Ulises [Internet]. Centro Virtual Cervantes, editor. Jornadas “La traducción y la interpretación contra la exclusión social.” Madrid: Instituto Cervantes; 2010 [cited 2019 Oct 28]. Available from: https://cvc.cervantes.es/lengua/tices/achotegui.htm
  6. Frankl VE. Psicoterapia y existencialismo. Escritos selectos sobre logoterapia. 2a. Herder. Barcelona. 2001.
  7. Salva Aige A, Postigo Zegarra S, Gallifa Roca J. Identidad y sentido. Nous Boletín Logoterapia y Análisis Exist. 2015;19:93–110.

Artículo: Duelo migratorio: Explorando el camino de la migración y el sentido. Noviembre 12,  2019:

 http://www.psicobioquimica.org/duelo_06.html

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